CONFEDERACION DE TRABAJADORES DEL ECUADOR

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PARA CONSTRUIR LA ESPERANZA

¿Es posible un Ecuador distinto al que hoy encontramos sumido en una crisis múltiple como la que nos agobia? Hay quienes sostienen que no es posible cambiar porque la naturaleza de nuestros problemas radica en una supuesta idiosincrasia que nos identifica con el retraso proveniente de estigmas raciales. Otros, sin negar la presencia de tales rasgos, limitan los cambios a simple imitación de modelos reputados como exitosos aunque en ellos campeen profundas inequidades e injusticias clamorosas. En realidad, las soluciones propugnadas desde tales perspectivas solamente persiguen reforzar un orden construido para beneficio de potentados y magnates monopólicos enseñoreados en los privilegios otorgados desde un poder estatal, cuyo acceso está restringido a sus apoderados y representantes que gobiernan desde un aparato decisionista y represor, imponiendo los intereses de aquellos a través de actos de acatamiento obligatorio. Los cambios que preconizan buscan consagrar nuevos privilegios, garantizar el papel de estos sectores dominantes y subordinar la Nación a intereses externos de poderosas corporaciones multinacionales y de aparatos supranacionales, desde donde se instrumentan medidas impositivas para sometimiento de los pueblos y enriquecimiento de los opresores.

Los pueblos y etnias que conformamos el Ecuador, sus sectores laboriosos y creativos, venimos bregando desde tiempos inmemoriales para construir una identidad social, cultural, étnica y regional, alejada de la discriminación, la explotación y toda forma de opresión. Nuestro camino esta jalonado de trascendentales conquistas que nos enorgullecen porque han sido el fruto de heroicas luchas e inmensos sacrificios de vidas inclusive. Sin embargo, y pese a que se han gestado organizaciones significativas para defender y promover nuestros derechos, la situación de estos se debate en la precariedad, tal como se nos evidencia en momentos críticos, como el que atravesamos.

La causa de ello está en que se mantiene incólume el sistema de poder gestado para beneficio de una oligarquía parasitaria y despótica, servilmente asociada a la política imperial diseñada por los gobernantes de las grandes potencias e impuesta a través de estructuras de dominación para favorecer a los gigantes financieros y tecnológicos que manejan el proceso de globalización y saquean a los pueblos del mundo. Pensar que es

posible cambiar la situación del Ecuador sin alterar radicalmente tal sistema de dominación, es iluso y perjudicial porque desgasta fuerzas y siembra desconcierto y desilusión conduciendo a sucesivas derrotas.

El camino es el de la construcción de una fuerza política y social sólidamente afianzada entre los sectores populares, férreamente unida en sus objetivos, métodos, procedimientos y acciones, dotada de direccionalidad, y, de un pensamiento creativo, abierto al debate y a la búsqueda, de fuerte contenido principista y ético; capaz de articular iniciativas y esfuerzos diversos en su acervo cultural y en su especificidad de género, edad y condición étnica o social.

Una fuerza tal contestataria y atrevidamente confrontadora, es la única posibilidad de construir una alternativa de poder profundamente democrática por su contenido y por sus mecanismos de conformación de las decisiones estatales, multiétnica por su composición y pluricultural por sus manifestaciones y descentralizada en su operatividad, desterrando tanto el carácter concentrador del presidencialismo unipersonal como el cabildeo politiquero y acomodaticio que campea en los órganos de representación nacional, provincial y local.

Se trata de promover una regeneración renovadora de la vida social y de alcanzar una forma asociativa abierta a los sectores populares, atenta a sus inquietudes y sugerencias, sujeta a sus iniciativas y a su control, responsable no sólo ante los órganos del Estado, sino también ante sus designadores, y revocable en todas sus dignidades electivas.

Ello sólo es posible desde una nueva perspectiva de izquierda que englobe a todos quienes aspiramos a un cambio de esa naturaleza, nacional por su carácter integrador de una soberanía en profundidad y en extensión, y democrático por sus componentes y por su funcionamiento. Para eso llamamos a constituir una F uerza A lternativa D e I zquierda, como movimiento político que permita ir rescatando espacios de representación en los órganos de poder a nivel local, regional y nacional. Propugnamos un nuevo tipo de representante comprometido con el programa alternativo de regeneración, fiel al mandato de sus electores, transparente en sus actuaciones, presto a informar de su gestión y a someterla a controles sociales; cuya nominación esté sujeta a renuncia por resolución expresa de las organizaciones populares y de la mayoría de sus electores.

La izquierda, concebida como la orientación adecuada hacia transformaciones revolucionarias de contenido nacional y democrático de profunda renovación social, es el camino para construir una sólida alianza popular.

EMPRENDAMOS EL CAMINO

HACIA LA DEMOCRACIA, LA LIBERTAD Y EL BIENESTAR

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